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VIRGEN DE LA SALETTE

PRIMERA APARICIÓN

 

El 19 de septiembre de 1846, en La Salette, en los Alpes franceses,

la Santísima Virgen se le apareció a dos pastorcitos,

Maximino Giraud, que contaba a la sazón 9 años y remplazaba a un

pastor de Pierre Selme que se hallaba enfermo, y Melania Calvat, de

14 años de edad. Los dos niños eran ignorantes y provenientes de

familias muy pobres de Corps, una aldea cercana. Pocos días antes,

no se conocían. A ellos fue que la Reina de los Cielos escogió para

desbordar Su Corazón doloroso y «anunciar una gran noticia».

 

A mediados de septiembre, un campesino de los Ablandins,

Pedro Selme, tiene a su pastor enfermo. Desciende al pueblo

de Corps, a la casa de su amigo, el carretero Giraud, y le dice:

«Préstame a tu Maximino por algunos días…». «¿Memín, pastor?

¡Es muy descuidado para eso!…».

 

Discuten, transigen… y el 14 de septiembre tenemos al joven

Maximino en los Ablandins. El 17, ve a Melania en la aldea. El 18, van a guardar sus rebaños en los terrenos comunales, en el monte Le Planeau. Por la tarde, Maximino busca entablar conversación. Melania se muestra remisa. Descubren, no obstante, un punto común: los dos son de Corps. Quedan en volver juntos al mismo lugar al día siguiente.

 

Así pues, el sábado 19 de septiembre de 1846, temprano, los dos niños cruzan las pendientes del monte, cada uno llevando sus cuatro vacas. Maximino, además, su cabra y su perro Loulou. El sol resplandece sobre los pastos. A mitad de la jornada, el Ángelus suena allá abajo en el campanario de la iglesia de la aldea. Entonces los pastores conducen sus vacas a “La fuente de las bestias”, una pequeña represa que forma el arroyuelo que baja por la quebrada del Seiza. Después las llevan hacia una pradera llamada “Le Chômoir”, en las laderas del monte Gargas. Hace calor, las bestias se ponen a rumiar.

 

Maximino y Melania suben un pequeño valle hasta “La fuente de los hombres”. Junto a la fuente toman su frugal comida: pan con un trozo de queso de la región. Otros pequeños pastores que “guardan” más abajo se les unen y charlan entre ellos. Después de su partida, Maximino y Melania cruzan el arroyo y descienden unos pasos hasta dos bancos de piedras apiladas, cerca de la hondonada seca de una fuente agotada: “La pequeña fuente”. Melania pone su pequeño talego en el suelo, y Maximino su blusa y merienda sobre una piedra.

 

Contrariamente a su costumbre, los dos niños se tumban sobre la hierba… y se duermen. Hace buen tiempo al sol de este fin de verano, no hay una nube en el cielo. Al rumor del arroyo se añade además la calma y el silencio de la montaña. Pasa el tiempo…

 

¡Bruscamente, Melania se despierta y sacude a Maximino! «¡Mémin, Mémin, rápido, vamos a ver nuestras vacas... No sé dónde están!». Rápidamente suben la pendiente opuesta al Gargas. Al volverse, perciben todo el pastizal: sus vacas están allá, rumiando plácidamente. Los dos pastores se tranquilizan. Melania comienza a descender. A media pendiente, se queda inmóvil y asustada, deja caer su garrote: «¡Mémin, ven a ver, allá, una claridad!».

 

Cerca de la pequeña fuente, sobre uno de los bancos de piedra… un globo de fuego: «Es como si el sol se hubiera caído allí». Pero el sol continúa brillando en un cielo sin nubes. Maximino acude gritando: «¿Dónde está? ¿Dónde está?». Melania señala con el dedo hacia el fondo del barranco donde ellos habían estado durmiendo. Maximino se acerca a ella, paralizada de miedo, y le dice: «¡Vamos, coge tu garrote! Yo tengo el mío y le daré un buen golpe si nos hace algo». La claridad se mueve, gira sobre sí misma. Les faltan palabras a los dos niños para indicar la impresión de vida que irradia este globo de fuego. En él una mujer aparece, sentada, la cara oculta entre sus manos, los codos apoyados sobre las rodillas, en una actitud de profunda tristeza.

 

Fragmento de roca donde la Virgen se sentó al comienzo de su aparición.

 

La Bella Señora se levanta. Ellos no han dicho una sola palabra. Ella les habla en francés:

 

«¡Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para contaros una gran noticia!».

 

Entonces, descienden hacia ella. La miran, ella no cesa de llorar: «Parecía una madre a quien sus hijos habían pegado y se había refugiado en la montaña para llorar». la Bella Señora es de gran estatura y toda de luz. Está vestida como las mujeres de la región: vestido largo, un gran delantal a la cintura, pañuelo cruzado y anudado en la espalda, gorra de campesina. Rosas coronan su cabeza, bordean su pañuelo y adornan sus zapatos. En su frente una luz brilla como una diadema. Sobre sus hombros pesa una gran cadena. Una cadena más fina sostiene sobre su pecho un crucifijo deslumbrante, con un martillo a un lado y al otro unas tenazas.

 

«Ha llorado durante todo el tiempo que nos ha hablado». Juntos, o separados, los dos niños repiten las mismas palabras con ligeras variantes que no afectan al sentido. Y esto, cualesquiera que sean sus interlocutores: peregrinos o simples curiosos, personalidades civiles o eclesiásticas, investigadores o periodistas. Que sean favorables, lleven buenas intenciones o no, he aquí lo que ellos nos han trasmitido:

 

«Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo, estoy aquí para contaros una gran noticia».

 

«La escuchamos, no pensamos en nada».

 

«Si mi pueblo no quiere someterse, me veo obligada a dejar caer el brazo de mi Hijo. Es tan fuerte y tan pesado que no puedo sostenerlo más. ¡Hace tanto tiempo que sufro por vosotros! Si quiero que mi Hijo no os abandone, estoy encargada de rogarte sin cesar por vosotros, y vosotros no hacéis caso. Por más que recéis, por más que hagáis, jamás podréis recompensar el dolor que he asumido por vosotros. Os he dado seis días para trabajar; me he reservado el séptimo, ¡y no se quiere conceder! Esto es lo que hace tan pesado el brazo de mi Hijo. Y también los que conducen los carros no saben jurar sin poner en medio el nombre de mi Hijo. Son las dos cosas que hacen tan pesado el brazo de mi Hijo. Si la cosecha se pierde, sólo es por vuestra culpa. Os lo hice ver el año pasado con las patatas, ¡y no hicisteis caso! Al contrario, cuando las encontrabais estropeadas, jurabais, metiendo en medio el nombre de mi Hijo. Van a seguir pudriéndose, y este año, por Navidad, no habrá más». La palabra “pommes de terre” (patatas, en el francés parisino) intriga a Melania. En el dialecto de la región se dice de otra forma (“là truffà"). La palabra “pommes” evoca para ella el fruto del manzano. Ella se vuelve a Maximino para pedirle una explicación. Pero la Señora se adelanta: «¿No comprendéis, hijos míos? Os lo voy a decir de otra manera». La Bella Señora repite en el dialecto de Corps desde “si la cosecha se pierde...” (Si la recolta se gasta nei rien qué per vous aoutres. Vous laiéou fa véire l'an passa per là truffà), y ya prosigue todo su mensaje en este dialecto: «Si tenéis trigo, no debéis sembrarlo. Todo lo que sembréis, lo comerán los bichos, y lo que salga se quedará en polvo cuando se trille. Vendrá una gran hambre. Antes de que llegue el hambre, a los niños menores de siete años les dará un temblor y morirán en los brazos de las personas que los tengan. Los demás harán penitencia por el hambre. Las nueces saldrán vanas, las uvas se pudrirán»

 

(Si ava de bla, foou pas lou semena… Si vous avez du blé, il ne faut pas le semer. Tout ce que vous sèmerez, les bêtes le mangeront, et ce qui viendra tombera en poussière quand vous le battrez).

 

De repente, aunque la Bella Señora continúa hablando, sólo Maximino la oye, Melania la ve mover los labios, pero no oye nada. Unos instantes más tarde sucede lo contrario: Melania puede escucharla, mientras que Maximino no oye nada, y se entretiene haciendo girar su sombrero en una punta de su cayado mientras que con el otro extremo lanzaba pequeñas piedras. «¡Ninguna tocó los pies de la Bella Señora!», dirá algunos días más tarde. «Ella me contó algo diciéndome: “No dirás esto ni esto”. Después no entendí nada, y durante este tiempo, yo me entretenía».

 

Así la Bella Señora habló en secreto a Maximino y luego a Melania, y de nuevo los dos juntos escuchan sus palabras:

 

«Si se convierten, las piedras y las rocas se cambiarán en montones de trigo y las patatas se encontrarán sembradas por las tierras. ¿Hacéis bien vuestra oración, hijos míos?».

 

«No muy bien, Señora», responden los dos niños.

 

«¡Ah! Hijos míos, hay que hacerla bien, por la noche y por la mañana. Cuando no podáis más, rezad al menos un padrenuestro y un avemaría, pero cuando podáis, rezad más. Durante el verano no van a misa más que unas ancianas. Los demás trabajan el domingo, todo el verano. En invierno, cuando no saben qué hacer; no van a misa más que para burlarse de la religión. En Cuaresma van a la carnicería como perros. ¿No habéis visto trigo estropeado, hijos míos?».

 

«No, Señora», responden.

 

Entonces ella se dirige a Maximino:

 

«Pero tú, mi pequeño, tienes que haberlo visto una vez, en Coin, con tu padre. El dueño del campo dijo a tu padre que fuera a ver su trigo estropeado. Y fuisteis allá, tomasteis dos o tres espigas de trigo en vuestras manos las frotasteis, y todo se quedó en polvo. Después, al regresar; como a media hora de Corps, tu padre te dio un pedazo de pan, diciéndote: “¡Toma, hijo mío, come todavía pan este año que no sé quién lo comerá al año que viene si el trigo sigue así!”».

 

Maximino responde: «Ah sí, es verdad, Señora, ahora me acuerdo, lo había olvidado».

 

Y la Bella Señora concluye, no en el dialecto, sino en francés:

 

«Bien, hijos míos, hacedlo saber a todo mi pueblo».

 

El 19 de septiembre de 1851, Mons. Filiberto de Bruillard, Obispo de Grenoble, publica finalmente su “carta pastoral”. He aquí el párrafo esencial:

 

«Juzgamos que la aparición de la Santísima Virgen a dos pastores, el 19 de septiembre de 1846, en una montaña de la cadena de los Alpes, situada en la parroquia de La Salette, del arciprestazgo de Corps, contiene en sí todas las características de la verdad, y que los fieles tienen fundamento para creerla indudable y cierta».

EL SECRETO ARRANCADO POR EL CARDENAL BONALD

 

A pesar de la aprobación de la aparición de La Salette por parte de Monseñor Filiberto de Bruillard, obispo de Grenoble y quien tenía la autoridad canónica para dictaminar el suceso; el Cardenal Luis Santiago Mauricio de Bonald, Arzobispo de Lyon, se mostraba opositor y no lo ocultaba (en 1848, fue uno de los primeros en saludar la Revolución de 1848, cuyo lema, “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, le pareció “favorable a los intereses de la Iglesia”; y luego llegó a ser Senador del Imperio).

 

Bonald, con engaños exigió que los niños le confiasen su secreto, con el falso argumento de que tenía un mandato oficial del Papa. Los niños accedieron a sus pretensiones, pero Melania, alarmada, recordó las exigencias de la Virgen María, e insistió firmemente en que su texto, una vez escrito, debería ser introducido en un sobre sellado y entregado directamente al Papa. Bajo esta condición el obispo de Grenoble, envió dos representantes a Roma, y el texto de los dos secretos privados se entregó al Papa Pío IX, el 18 de julio de 1851.

 

Maximino Giraud escribió su Secreto en el palacio del obispo de Bruillard en Grenoble, el 3 de julio por la tarde. El Obispo de Bruillard estampó su sello en él y luego lo envió al Papa Pío IX. El sobre sellado fue firmado por dos testigos a las 7:00 PM.

ESCRITO DE MAXIMINO GIRAUD.

 

El 19 de septiembre de 1846, vimos a una bella Dama. Nunca hemos dicho que esta Señora fuera la Virgen, sino que siempre dijimos que era una bella Dama.

 

No sé si es la Virgen María u otra persona. Yo ahora creo que era la Santísima Virgen.

 

Esto es lo que esta Señora me dijo:

 

"Si mi pueblo continúa, lo que lo que os voy a decir llegará más pronto, si cambia un poco, llegará un poco más tarde Francia ha corrompido el universo, un día ella será castigada. La Fe se extinguirá en Francia: tres partes de Francia ya no practicarán la religión, o casi, la otra parte la practicará, sin practicarla bien. Poco después de esto, las naciones se convertirán, la fe se reavivará en todas partes. Un gran país del norte de Europa, ahora protestante, se convertirá: con el apoyo de este país, todos los otros países del mundo se convertirán. Antes de que todo esto suceda, grandes trastornos llegarán, en la Iglesia y en todas partes. Poco después de esto, nuestro Santo Padre el Papa, será perseguido. Su sucesor será un pontífice que nadie esperará. Poco después de esto, vendrá una gran paz, pero no durará mucho tiempo. Un monstruo vendrá a perturbarla. Todo lo que digo llegará en el siglo siguiente o a más tardar a los dos mil años”.

 

 

Maximino Giraud

 

(Ella me dijo que lo dijera poco tiempo antes).

 

Padre Santo, su bendición a una de sus ovejas,

 

Grenoble, 3 de julio de 1851.

ESCRITO DE MELANIA CALVAT

 

Melania Calvat escribió su propia versión del Secreto el 3 de Julio, separadamente, en Corenc, en el convento de las Hermanas de la Providencia. Lo selló a las 10:00 A.M., y fue llevado al Palacio del Obispo de Grenoble. Pero al día siguiente, ella consideró que no se había expresado bien respecto a los infortunios que caerían sobre dos ciudades (París y Marsella): éstos parecieron como simultáneos, siendo que fueron sucesivos. El Canónigo Pierre-Joseph Rousselot la hizo reescribir el Secreto el 6 de julio, luego el ingeniero Benjamin Dausse la llevó al obispo, donde Bruillard leyó el nuevo documento antes de sellarlo.

 

Al igual que Maximino habla del castigo que sufrirán las naciones, Melania habla de LA PERSECUCIÓN CONTRA EL PAPADO y añade el NACIMIENTO DEL ANTICRISTO, HIJO DE UNA MONJA.

 

Secreto que me dio la Santísima Virgen en la Montaña de La Salette el 19 de septiembre 1846.

 

Secreto:

 

“Melania, te diré algo que no le dirás a nadie:

 

¡El tiempo de la ira de Dios ha llegado! Si cuando le hayas dicho a la gente lo que te he dicho y lo que te diré aún, si, después de eso, no se convierten, (si no hacen penitencia, si continúan trabajando el domingo, si continúan blasfemando el Santo Nombre de Dios), en una palabra, si la faz de la tierra no cambia, Dios tomará venganza contra el pueblo ingrato y esclavo del demonio.

 

¡Mi Hijo manifestará su poder! París, esta ciudad manchada con toda clase de crímenes perecerá infaliblemente. Marsella será destruida en breve tiempo. Cuando sucedan estas cosas, el desorden será completo sobre la tierra. El mundo se abandonará a sus pasiones impías. El Papa será perseguido en todas partes, le dispararán, querrán matarlo, pero no podrán nada contra él, el Vicario de Dios triunfará aún esta vez. Los sacerdotes y las religiosas, y los verdaderos servidores de mi Hijo serán perseguidos, y muchos morirán por la fe de Jesucristo. Una hambruna reinará simultáneamente.

 

Después que todas estas cosas hayan sucedido, muchas personas reconocerán la mano de Dios sobre ellas, se convertirán y harán penitencia de sus pecados. Un gran rey ascenderá al trono, y reinará durante algunos años. La religión florecerá y se extenderá por toda la Tierra y la fertilidad será grande, el mundo, contento de no carecer de nada, recomenzará sus desórdenes, abandonará a Dios y se entregará a sus pasiones criminales.

 

Entre los ministros de Dios y las Esposas de Jesucristo, hay quienes se entregarán al desorden, y esto será lo más terrible.

 

Finalmente, un infierno reinará sobre la Tierra. Será entonces cuando nazca el Anticristo de una religiosa: ¡Desgracia a ella! Muchas personas creerán en él, porque se dirá venido del cielo, ¡desgracia a aquellos que le crean!

 

El tiempo no es lejano, no pasarán dos veces 50 años.

 

Hija mía, no dirás lo que acabo de decirte (no se lo dirás a nadie, no dirás que debes decirlo un día, no dirás nada que concierna a esto), finalmente, ¡no dirás nada hasta que yo te diga que lo digas!

 

Ruego a nuestro Santo Padre el Papa que me dé su santa bendición.

 

Melanie Mathieu, pastora de La Salette.

 

Grenoble, 6 de julio de 1851.

 

JMJ +

 

EL SECRETO COMPLETO

 

En realidad, aunque suene sospechoso (curiosamente, las versiones de 1851 fueron halladas en el Archivo Secreto Vaticano en 1999), el texto contentivo del Secreto de Melania (el más conocido, con las quejas de la Virgen sobre la mala conducta del clero, y los males y castigos que vendrán), que contiene renglones que fueron omitidos en la edición de Marsella de 1860 (el cual, a pesar de haber sido quemado por el obispo Eugenio de Mazenod diciendo: «¡Así publicaré tu secreto!», una copia sobrevivió y fue publicada en Nápoles en 1873 por el padre Felicien Bliard, con imprimátur de la Curia del Arzobispo de Nápoles, Sixto Card. Riario Sforza de fecha 30 de Abril) dice así:

 

«Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre un secreto; puedes publicarlo en 1858.

 

Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón para el pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

 

Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la tierra!, Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos.

 

Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

 

La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y de los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios.

 

Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él.

 

Que desconfíe de Napoléon, su corazón es doble; y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo.

 

Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las iglesias serán cerradas o profanadas. Los sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir una muerte cruel. Muchos abandonarán la fe y el número de los sacerdotes y religiosos será grande; entre estas personas se encontrarán incluso obispos.

 

Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.

 

En el año 1864 Lucifer, con un gran número de demonios, serán desatados del infierno. Abolirán la fe poco a poco, aun entre las personas consagradas a Dios, las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de esos malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán muchísimas almas.

 

Los libros malos abundarán en la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá iglesias para servir a esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por esos espíritus malvados, incluso sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Resucitarán algunos muertos y justos, [es decir, que estos muertos tomarán la figura de almas justas, que vivieron en la tierra, para así mejor seducir a los hombres; éstos, que diciéndose muertos resucitados no serán otra cosa que el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al verdadero de Cristo Jesús, negando la existencia del cielo, y también las almas de los condenados. Todas estas almas aparecerán como unidas a sus cuerpos]. Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, a poner a salvo su autoridad y a dominar con orgullo!

 

El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa.

 

Dado el olvido de la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.

 

El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor [que no reinará mucho tiempo] verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

 

Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.

 

En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la tierra.

 

Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano; en seguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se asesinará mutuamente aun dentro de las casas.

 

Al primer golpe de su espada fulminante, las montañas y la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias.

 

Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que mueran todos sus enemigos. De golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la tierra quedará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.

 

Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de zafras abundantes les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los castigos que ocurren en la Tierra.

 

Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un dios.

 

La tierra será castigada con todo género de plagas [además de la peste y el hambre, que serán generales]; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto suceda habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. ¡Dichosas las almas humildes guidas por el Espíritu Santo! Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad.

 

La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la tierra encharcada en crímenes. Temblad, tierra y vosotros, que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregaros a su enemigo, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos. Durante ese tiempo ha de nacer el Anticristo de una religiosa hebraica, una falsa virgen que tendrá comunicación con la vieja serpiente y el maestro de la impureza, su padre será obispo. Al nacer, vomitará blasfemias y tendrá dientes. En una palabra, será el diablo encarnado. Dará gritos aterrorizadores, hará prodigios, solo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, sin bien no serán otros demonios encarnados como él, serán hijos del mal. A los doce años ellos se destacarán por las extraordinarias victorias que obtendrán. Luego cada uno estará a la cabeza de ejércitos, asistidos por legiones del Infierno.

 

Se cambiarán las estaciones. La tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc.

 

ROMA PERDERÁ LA FE Y SE CONVERTIRÁ EN LA SEDE DEL ANTICRISTO.

 

Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará e sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes, todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad.

 

Yo dirijo una apremiante llamada a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios que vive y reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu; finalmente llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros cont al que vuestra fe sea la luz que os ilumine en estos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he ahí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

 

La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y a Elías, llenos del Espíritu de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del Anticristo.

 

¡Ay de los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero será presa del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo: el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.

 

He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la bestia de los súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se remontará con orgullo por los aires para subir hasta el cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá y la tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego: será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado».

 

Esta versión del Secreto (la más conocida y completa) fue publicada también por Melania, con imprimátur del Obispado de Lecce, Italia:

 

Nihil obstat: imprimátur.

Datum Lýciii, ex Curia Episcopáli, die 15 Nov. 1879.

 

Vicárius Generális,

CARMÉLUS Archid. COSMA.

 

El 3 de Diciembre de 1878, el Papa León XIII recibió a Melania, pues quería que ella retornara a Francia y estableciera la Regla de la Orden de la Madre de Dios en La Salette. Melania le dijo: «Santo Padre, el Obispo [Amand-Joseph Fava] de Grenoble no me permitirá establecer su propia regla». Ante lo cual el Papa le pidió que escribiera unas Constituciones, que podrían hacer las veces de la Regla (que es parte integral del Secreto). A partir de Enero de 1879, Melania escribió las Constituciones, que fueron entregadas a la Congregación para los Religiosos, que la aprobó en Mayo.

 

El Papa movió tristemente su cabeza, al considerar que no podía ejercer su voluntad en Francia. Los obispos franceses no eran un lote obediente; se veía que estaban a punto del cisma.

 

Cuando Melania se retiró de las cámaras papales, uno de los cardenales que estuvo en la entrevista le dijo: «Espero que tengas hombros amplios, porque cuando se publique el Secreto, toda la Francia caerá sobre ellos». A lo que Melania replicó: «Prefiero disgustar a los franceses antes que a Dios Todopoderoso», y a partir de Enero de 1879, escribió las Constituciones, que fueron entregadas a la Congregación para los Religiosos, que la aprobó en Mayo. Tal demanda del Papa (y aprobación de las Constituciones) es un reconocimiento verdadero de la autenticidad del Secreto.

 

En 1922 se dio a conocer nuevamente el TEXTO COMPLETO ut supra, con Licencia del Rvdo. Padre Alberto Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio (el reimprimátur fue concedido en Roma porque en Francia los obispos rechazaban saber siquiera de la Profecía).

 

El diario “L’Osservatore Romano” del 25 de Diciembre de 1904, comenta que «Melania reveló su Secreto en el momento en que le fue indicado, aunque ella sabía que tal acción volvería contra ella la ira de aquellos que habiendo perdido todo sentido de moralidad estaban ligados al carro de la secta Masónica».

 

El 24 de agosto de 1852, Su Santidad Pío IX, concedió que fuera privilegiado el Altar Mayor del templo de La Salette; el 7 de septiembre fundó la Asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette. La Hermadad Misionera de La Salette, los SALETINOS, cuyos frutos fueron y son muy provechosos para la Iglesia y para las Misiones. León XIII elevó el santuario al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de «Nuestra Señora de La Salette», efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. Nuestra Señora reveló en La Salette dos secretos, uno a Melanie y otro a Maximin. El secreto dado a Melanie constituye lo que comúnmente se conoce como el»el Secreto de la Salette.» Un extracto del mismo fué publicado en 1879 por Melanie, con imprimatur del Obispo de Lecce, – Italia.- En 1922 se dió a conocer el texto completo, con Licencia del Rvdo. Padre Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio, (la Congregación de la Fé.)

 

El Secreto (y más amplio, todas las profecías de Nuestra Señora de La Salette), aunque no forma parte de la Revelación Pública, ES ENTERAMENTE DIGNO DE CRÉDITO. Prueba de ello es que Mons. Bruillard, el cardenal Sisto Riario Sforza, el siervo de Dios Luigi Salvatore Zola CRL, y los Sumos Pontífices Pío IX, León XIII, San Pío X -quien en 1910, al leer los documentos, exclamó «Eh! la nostra santa!» y ordenó a Mons. Carlo Guseppe Cecchini OP iniciar el examen de la heroicidad de las virtudes de Melania Calvat- y Benedicto XV se manifestaron a favor de la credibilidad de estas profecías y las bendijeron de diversas formas (no sin tristeza y espanto). Y el hecho de que existiera la versión de 1851 fue por la presión y engaño del cardenal Bonald, que siempre se mostró enemigo de las apariciones. Por supuesto, Melania y Maximino escribieron la versión breve, temiendo desobedecer a la Hermosa Señora, pero condicionando la entrega a la persona del Papa Pío IX en cartas selladas (condición que se otorgó gracias al obispo Bruillard).

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ROSARIO PERPETUO POR EL FIN DEL ABORTO

 

 

Desde Junio de 2024, el primer sábado de cada mes organizamos un Rosario perpetuo por el fin del Aborto. Cada cofrade reza el Santo Rosario por esta intención desde su lugar de residencia y cada turno es registrado. Unos rezan 5 misterios, otros 10 y otros hacen el Rosario completo. Durante 24 horas un grupo de católicos de diversos lugares del mundo reza con todas sus fuerzas para salvar la vida al mayor número de bebes. ¡Ya somos 70!

 

Cualquier bautizado en la Fe Católica puede participar. No es necesario abrazar la posición sedevacantista.

 

Cada semana la Organización Provida “Derecho a Vivir” publica en sus redes sociales los testimonios de mujeres que a pesar de tener cita para abortar, decidieron seguir adelante con su embarazo. Estos milagros son solo algunos de los que podemos conocer. En la otra vida sabremos con exactitud, a cuantos bebes salvamos mediante el rezo de esta poderosa oración.

 

 

Inscripciones:

 

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cofradialavirgendelrosario@gmail.com

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